sábado, 8 de diciembre de 2007

Underrated 2

The Sound (1979-1987)

Entre los años 1979 y 1987 existió un grupo musical al que muchos han definido como el eslabón perdido entre Joy Division y Echo & the Bunnymen. Su líder, Adrian Borland, seguramente no aprobaría la referencia si viviera (se suicidó el 26 de abril de 1999, aquejado de un transtorno esquizoafectivo). Yo tampoco lo veo claro.


Pese a su impecable trayectoria, desde el post-punk de la primera época a un pop-rock aún poderoso, The Sound no lograron el merecido éxito que otras bandas de similar "corte" alcanzaban con facilidad. De hecho, fuera de su país, solo en Holanda y Alemania contaron (y siguen contando) con una buena base de seguidores. Con escuchar cualquiera de sus discos este ostracismo parece, simplemente, mentira.


Antes de formar The Sound, en 1976 Borland formó su propio grupo punk, The Outsiders, de corta vida pero también con sus pequeños pero significativos hitos. Durante su primer concierto, como teloneros de los clásicos Generation X, mientras tocaban un tema de Iggy Pop, éste se les unió en el escenario para sorpresa de todos. Y su Calling on Youth (1977) figura como el primer LP auto-producido en Gran Bretaña.

Poco tiempo después, Adrian Borland como guitarrista, voz y compositor, Graham Bailey (o Graham Green) al bajo, Michael Dudley en la batería y Bi Marshall (reemplazado pronto por Max Mayers) en los teclados e instrumentos de viento, se unieron bajo el nombre The Sound.

Sus primeras grabaciones siguieron bajo el lema "hágalo usted mismo", seguramente por razones prácticas. Su padre haciendo de ingeniero de sonido y el salón de su casa haciendo de estudio de grabación. Por suerte para todos, pronto ficharían por un sello, Korova, con el que lanzarían el primer disco oficial, Jeopardy (1980), que obtuvo de inmediato críticas entusiastas en medios como el NME o el Melody Maker. Sin embargo, las ventas, el gran público, no acompañaron.

From the Lion's Mouth (1981) ya muestra la tendencia de su música a alejarse de las referencias originales (Stooges, Velvet Underground) y aproximarse a propuestas más digeribles, parecidas a los primeros U2 o The Chameleons, sin perder por ello ni un ápice de calidad. Pero ni por esas, otra vez elogios en la crítica e ignorancia en el público.

Ya presionados por la casa de discos, son trasladados a WEA, donde se les anima a afinar más su lado pop. The Sound responde con un disco oscuro y, desde luego, nada comercial, All Fall Down (1982), y la discográfica reacciona anulando cualquier promoción del mismo. Se quedan fuera del mercado y sin casa de discos.

Tras un periodo en la nevera, firman con la independiente Statik y en 1984 vuelven a la carga con renovada fuerza y un trabajo acorde al tamaño del sello, el EP Shock of Daylight. En plenas facultades creativas, le siguen el cuarto disco Heads and Hearts (1985) y el doble álbum In the Hothouse (1986), grabado durante dos días de concierto en The Marquee.

Acogido con la acostumbrada indiferencia, el que sería su disco final, Thunder Up (1987), fué lanzado por Play It Again Sam en Bélgica y por Nettwerk en Canada. Pero ya eran demasiados esfuerzos sin apenas recompensa, y el grupo acabó separándose ese mismo año.


Entre el final de The Sound y el suyo propio, Adrian Borland siguió dejando grandes discos (quizás más suaves, elaborados y melódicos), bien junto a los Citizens [Alexandria (1989) y Brittle Heaven (1992)], solo con su propio nombre [Beautiful Ammunition (1994), Cinematic (1995), 5:00 AM (1987), The Last Days of the Rain Machine (2000)], o formando parte de otros proyectos (The Honolulu Mountain Daffodils, White Rose Transmission), además de una notable labor como productor. Mientras preparaba su último trabajo, Harmony and Destruction, la enfermedad acabó con su vida, a los 41 años de edad.



Gracias al sello Renascent con la reedición de la discografía de The Sound desde finales de los 90, parece que ahora hay un creciente interés en su gran legado. Por qué Adrian Borland o The Sound no triunfaron en su día sigue siendo otro misterio. Letras "demasiado emocionalmente desnudas" y existencialistas, un sonido "excesivamente oscuro", o incluso razones de fotogenia, son mencionadas como causas probables. Tan solo con escuchar el principio de In the Hothouse, canciones tan contundentes, evocadoras, intensas y delicadas a la vez, como Winning, Under you, Total recall o Skeletons, a uno no pueden convencerle tan débiles razones.

renascent
redsunrecords
brittleheaven

1 comentario:

outdoor miner dijo...

Muy bueno el artículo, da gusto leerlo.