Mostrando entradas con la etiqueta Sin sentido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sin sentido. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de septiembre de 2008

Paremos esto!

De un tiempo a esta parte se está propagando exponencialmente un hecho que me tiene preocupado en extremo. Es un fenómeno que se extiende por los hogares, por las empresas, por los medios de comunicación, por el pequeño y mediano comercio, por la administración. No parece que nada pueda detenerlo. La democratización en el uso de las nuevas tecnologías no hace sino agravar el problema.

Prácticamente a estas alturas todo el mundo parece infectado por el mal y uno quisiera a veces también estarlo. La alternativa es sufrir constantes retortijones y un deseo urgente de arrancarse los ojos.



Me estoy refiriendo al uso indiscriminado del tipo de letra "comic sans", de la que el propio autor -Vincent Connare- se desmarca avergonzado. Aparentemente esta fuente provoca una simpatía instantánea en todo aquel que comienza en el mundo de la informática (y en todo aquel que parece estancarse en un estadío temprano del mismo, el del desastroso descubrimiento de los "screen beans" y del "WordArt" del Office).

En el Word, en el PhotoShop, en Blogger... para informes, carteles, presentaciones, calendarios, mails, invitaciones... la "comic sans" resulta irresistible a una gran parte de la población mundial. Les parece una fuente cercana, simpática, qué se yo!

Como no es la letra por defecto en ningún programa, no queda otra que deducir que, pese a la gravedad del hecho, su presencia se trata de un acto voluntario. Puede que hasta consciente, no sé. Quizás quien lo perpetra busca una complicidad en el prójimo, una aquiescencia que, me temo, ya es global. Los líderes del movimiento, seguramente para identificarse, llegan incluso a poner lineas enteras en mayúsculas con esta letra (ese es el momento en que uno piensa en la muerte).

Espero que esta señal de alarma no llegue demasiado tarde. Creo que aún quedamos suficientes. Organicémonos!



viernes, 23 de mayo de 2008

El 14

Y porque estamos con el tema y porque es noticia y porque tengo entradas con el título "Underrated" y etiquetas llamadas "Clama al cielo", paso a tratar otro caso sangrante.


Guti, José María Gutiérrez, nacido en 1976 en Torrejón de Ardoz, llegó al Real Madrid con nueve años y desde esa categoría Pre-Benjamín fué ascendiendo por todas las superiores hasta el Real Madrid B en la temporada 95-96, momento en que Jorge Valdano le hizo debutar con el primer equipo el 2 de Diciembre de 1995.

Desde entonces, trece años, el Real Madrid ha pasado por muchas etapas (algunas buenas y otras malas), ha contado con numerosos entrenadores (idem) y, sobre todo, ha realizado muchos fichajes. Jugadores de gran prestigio han militado en sus filas hasta tal punto que algunas alineaciones se parecían más a un anuncio de Nike que a un equipo de fútbol. El rendimiento de tanta estrella no siempre ha estado a la altura de lo que se esperaba, pero la mayoría de ellas siempre contó con un gran respaldo mediático y, por tanto, popular, mientras le duraba el crédito. La inversión realizada con cada fichaje presionaba también al entrenador correspondiente a alinearlo como titular. Se puede adivinar el destino natural de un canterano: el banquillo con cada comienzo de temporada. Lo que es más difícil era prever que al final de cada campeonato, ese suplente se ganaba, una y otra vez e independientemente de los fichajes que le rodeen, su titularidad.

Aún así llevamos trece años oyendo tantas alabanzas hacia su juego por boca de sus entrenadores (¡!), compañeros y algún periodista despistado, como, sobre todo, dudas sobre su valía general como jugador por parte de la mayor parte de los medios de comunicación y de los aficionados.

No voy a hablar de sus virtudes (de la versatilidad, del pase definitivo, de la visión mágica, del toque inconcebible) porque ni siquiera me veo capaz. Miren estadísticas o mejor algún vídeo para hacerse una idea y centrémonos en las dudas.

En primer lugar, no cae bien, no es simpático. Vale.

Tratado este primer asunto con la profundidad que se merece, pasemos al segundo punto: "no lucha" lo suficiente. Bien, alguien que cada año vive su particular "Atrapado en el tiempo", despertándose en el banquillo como suplente y rodeado de los nuevos nombres de moda -ilusionantes para el seguidor, una inversión publicitaria para numerosas empresas-, y que cada año tiene que empezar desde cero y demostrar que su juego es necesario en el mejor equipo del mundo, parece que, por lo menos, se le debe reconocer cierta capacidad de fe en si mismo y de lucha. De hecho se empeña en una guerra desconocida en el entorno del fútbol: el resto de jugadores, cuando las cosas se ponen difíciles, prefieren mover su fuente de ingresos a otro equipo.

Contraargumento: "No, que lo de la lucha es que no corre". El populacho, desde luego, es sabio. Pero un tanto cegato. Correr como pollo sin cabeza en pos del balón es una cualidad más perceptible, más reconocible, que el talento nato. La calidad necesita enormes cartelones publicitarios para que pueda verse bien y pasar por alto otras carencias (Zidane, Platini, Maradona). Si a las masas no se les presenta así las cosas, preferirán siempre jalear al Villarroya, al Makelele, al Gravesen, al Salgado de turno. Al Raúl. Lo fácil. Pero correr lo puede hacer cualquiera y armar un equipo en base a esta característica supone condenarlo a ser "un cualquiera". Un club grande ha de cuidar también algo tan escaso como el talento, y no tanto la trillada capacidad de lucha, porque solo así puede destacar entre el resto. El aficionado de un club como el Real Madrid que sea incapaz de reconocer la virtud pura (o no pueda hacerlo sin los cartelones) quizás debería trasladar sus dudas desde el jugador a quien cuestiona hasta su propia idoneidad como aficionado a esa entidad: hay muchos equipos de fútbol mediocres en los que se sentiría más identificado, más a gusto.

Y un seleccionador nacional con la misma limitación, con esa triste ceguera, merece, como mínimo, idéntico destino.

"Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él." Johnathan Swift "Thoughts on various subjects, moral and diverting"


lunes, 12 de mayo de 2008

Que no me lo creo, vaya

En un episodio de Muchachada Nui se entrevistaba a un fulano que se consideraba fan de los árbitros. El personaje citaba tres o cuatro nombres que resultaban familiares. Mejor dicho: que resultaban familiares y que eran raros de cojones.

Desde hace más de dos décadas los aficionados al fútbol vivimos con indiferencia este fenómeno: los árbitros tienen nombres y apellidos inverosímiles.

Con el tiempo nos hemos acostumbrado a escuchar, imperturbables, crónicas sobre personas que se hacen llamar "Ildefonso Urízar Azpitarte", "Soriano Aladrén", "Martín Navarrete" o "Rubio Valdivieso". Incluso, en los contados casos en los que el apellido es algo tan usual como González, nos topamos con que lo antecede alguna perla del tipo "Mejuto" o "Bernardino". Insólito. Pasmoso. Increíble.

Ningún escritor en su sano juicio escogería personajes como "Rubinos Pérez", "Megía Dávila" o "Iturralde González". No si se embarca en una novela mínimamente realista: los lectores esbozarían una sonrisa anticipando una comedia o elevarían una ceja de incredulidad ante el primer "Medina Cantalejo" que apareciera.

¿Acaso existe algún otro colectivo en el mundo real representado por seres llamados "Celino Gracia Redondo", "Brito Arceo", "Ansuategui Roca" o "Daudén Ibáñez"? No, de ninguna manera.

Eso me ha llevado a reflexionar: dado el riesgo de la ocupacíon arbitral, es razonable pensar que, tanto todos los extravagantes patronímicos ya citados como los "Carmona Méndez", "Undiano Mallenco" o "Pérez Burrull", son, en realidad, seudónimos inventados para conservar el anonimato.

O eso o ya me dirán.

martes, 11 de marzo de 2008

Zas, en toda la boca!

En ocasiones en el trabajo, en la vida, en el autobús, uno se encuentra con aberraciones que todo el mundo acepta de forma natural. A uno le parecen que atentan contra el sentido común y corre el riesgo de entrar a discutirlo. Pero ahí entra el sentido democrático de las opiniones: que si todas valen lo mismo, que si "para gustos los colores", etc.

Como esto también a uno le parece demencial, lo mejor es amargarse lo inevitable; es dedir, limitarse a sentir el lógico pasmo ante la aberración y, por ejemplo, remitirse (interiormente, no vayamos a ofender a nadie) a esa supuesta enciclopedia china que cita Jorge Luis Borges llamada Emporio celestial de conocimientos benévolos:

En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en

(a) pertenecientes al Emperador,
(b) embalsamados,
(c) amaestrados,
(d) lechones,
(e) sirenas,
(f) fabulosos,
(g) perros sueltos,
(h) incluidos en esta clasificación,
(i) que se agitan como locos,
(j) innumerables,
(k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello,
(l) etcétera,
(m) que acaban de romper el jarrón,
(n) que de lejos parecen moscas.


[Jorge Luis Borges, «El idioma analítico de John Wilkins», Otras inquisiciones]

Seguramente una clasificación perfecta para muchos. "Ponlo en comic sans e imprime".

martes, 20 de noviembre de 2007

Amiguitos, empieza el baile

En esta primera entrada no añadiré nada. Tampoco sería justo esperar que nadie se anime a aportar comentario alguno.

Pero dejo unos enlaces, así, sin títulos ni nada. Aquí y aquí y aquí.
Cuestión de fe. O de curiosidad.